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La brecha digital

Tras la revuelta desencadenada en la red, a raíz del intento del Gobierno de facilitarles la vida a las gestoras de los derechos de autor, evitándoles la necesidad de acudir a un juez para cerrar un sitio web que consideren que atenta contra sus derechos, han quedado patentes muchas cosas. Primero, el Gobierno sabe cómo hacer favores. Si hay que meter una norma impopular o para ayudar a unos pocos a costa de otros, se calza camuflada y de noche, a poder ser en una ley que no tenga nada que ver. ¿Cuántas veces se habrá hecho esto?. Segundo, si la cosa estalla, también sabe cómo actuar: diciendo “Yo no he sido. Fue Sinde”. Venga hombre. Tercero, el PP no sabe muy bien de qué va la historia, pero tira de piloto automático y opta por la posición contraria al Gobierno, luego se posiciona con los internautas. Cuarto, da vergüenza ajena oir a Zapatero y a Rajoy pronunciar ‘blog’ (cada uno tiene su versión), o incluso a los medios pronunciar Spotify (dicen ‘espotifi’, con acento en ‘ti’, muestra de que no lo han usado, ya que en su publicidad se escucha hasta la saciedad). Relacionado con esto último está el resto del post. Y es que ha quedado patente, una vez más, la brecha digital.

No hay más que oír a los medios clásicos de comunicación -radio y TV-, los que otrora eran la única alternativa para informar, en el mejor de los casos; crear opinión, en muchos otros; y manipular en el peor de ellos, para comprobar que ya no son lo que eran. Las tertulias y debates, donde participan expertos analistas políticos, tocan -por obligación- el tema de la guerra entre los “internáutas” -esos seres extraños-, y los gestores de los derechos de autor sólo de pasada. Muchos se limitan a admitir que no están suficientemente informados y no tienen una postura al respecto. Enric Sopena, por ejemplo decía en RNE, “¿quién son esos que se reunieron con la Ministra?”. Los tertulianos que habitualmente emplean un lenguaje de lo más asertivo, se convierten en pequeños corderitos mirando unos para otros y diciendo: “paso palabra”.

Lo único que se sabe es que esto es una revuelta social (me atrevería a decir sin precedentes en algún aspecto), armada con redes sociales, y que eso son votos, luego hay tratarlo, hay que opinar, aunque sin opinión.

Para finalizar un ejemplo. Iñaki Gabilondo en su habitual opinión en Noticias Cuatro, comenzaba reconociendo su atraso y pidiendo tiempo para formarse una opinión, pasando rápidamente al tema de los crucifijos en las escuelas.

En fin.